Se cumple un siglo del nacimiento del genio del cine japonés Akira Kurosawa

Se cumple un siglo del nacimiento del director de cine más grande de Japón y por supuesto, una de las figuras fundamentales del cine mundial de todos los tiempos: Akira Kurosawa. "El Emperador" le apodaban a este estupendo genio, por su incontenible autoritarismo y su peculiar sentido de la perfección. Su influencia en nuestro tiempo es tan grande, que prácticamente se ha vuelto imperceptible para la mayoría. ¿Quién no ha visto la estupenda película "Bichos" de Disney-Pixar? Bueno, pues este trabajo tiene la influencia directa de "Los Siete Samuráis", una de las obras magnas de este gran virtuoso del séptimo arte japonés.

Akira nació el 23 de marzo de 1910 en una familia acomodada de Tokio, cuyo abolengo tenía sus raíces en las tradiciones samurái. Desde pequeño, Akira evidenció sus dotes para el arte, que muy pronto le otorgaron distinción de entre sus compañeros. Adicionalmente, el joven Akira comenzó a mostrar un claro interés por la cultura occidental y muy especialmente en el nuevo arte que esta había introducido en su país: el cine. Además de la fuerte influencia de su padre, quien era director de un instituto militar, Kurosawa tuvo un hermano mayor cuyas preferencias causaron un gran impacto en él.

Heigo se llamaba el hermano en cuestión, quien trabajó como narrador de películas mudas hasta que la aparición del cine sonoro volvió anacrónica su profesión. Heigo intentó hacer una huelga para defender su oficio, pero el movimiento fracasó y ante tal frustración, el joven se suicidó. La influencia de Heigo penetró de tal forma en el joven Akira, que el futuro director siempre recordaba una vivencia de la niñez de ambos, como uno de sus recuerdos más persistentes. Ocurrió la ocasión en que se encontraban caminando entre la devastación y los muertos ocasionados por el gran terremoto de Tokio de 1923. El horror era tal que Akira intentó volver la cabeza, pero su hermano se la sostuvo firmemente. Había sido toda una lección de vida legada por el hermano: mirar de frente lo que te aterra, como una forma de vencer el miedo.

La entrada de Akira al cine ocurrió definitivamente en 1938, cuando se incorporó a los estudios Toho como asistente del ya afamado director Kajiro Yamamoto. Muy pronto, Kurosawa estaría realizando sus propios filmes, influido por la dura mano del gobierno belicista japonés, que intervendría en los primeros trabajos del joven Akira, para darles una tendencia puramente nacionalista.

La consagración definitiva

Será hasta el rodaje de la policíaca cinta “Rashomon” cuando el trabajo del director japonés rebosará las fronteras, para hacerle acreedor del prestigioso León de Oro en el Festival de cine de Venecia de 1951. A partir de entonces, el trabajo de Akira tendrá seguidores, admiradores y por supuesto críticos, en todas partes del mundo.

Después de ese filme de resonancia mundial, la creatividad se desbordaría ilimitadamente, en algunos casos con la muy notable colaboración de Toshiro Mifune, histrión que incluso llegaría ser considerado “actor fetiche” del gran Akira. Al lado de este gran actor, Kurosawa rodaría la épica “Los Siete Samuráis” de 1954, considerada por muchos su obra maestra y que sería versionada incansablemente en los años siguientes.

Le seguiría “Trono de Sangre” de 1957, considerada por muchos expertos como la mejor adaptación que el cine haya conocido del clásico “Macbeth”. En 1958 rodaría “La Fortaleza Escondida”, cuya avasalladora influencia se deja sentir en la saga de Star Wars, especialmente en los Episodios IV (“Una Nueva Esperanza” de 1977) y el VI (“El Regreso del Jedi” de 1983) y muy en particular por la vía de los personajes de C3P0 y R2D2. Por cierto, George Lucas emplearía también varios de los recursos de su admirado Kurosawa, para lograr esta exitosa saga.

De hecho, en todo el cine hollywoodense hay una serie de elementos importados directamente del estilo personal de Akira, como sus desplazamientos de cámara, tipos de transición y miles de elementos que todos hemos disfrutado sin tener la oportunidad de reconocerles el origen. Todo eso legó el emperador del cine japonés, quien en 1961 filmaría ” Yojimbo”, la película que sería deliciosamente imitada en “Por un Puñado de Dólares” (1964) por otro de los más grandes e influyentes, el director italiano Sergio Leone.

Últimos años y la indiferencia de su patria

Tras concluir el filme “Dodes ka-den” de 1970, Akira atravesó por una crisis tan aguda que estuvo a punto de suicidarse. Posteriormente, encontraría cobijo económico entre sus grandes admiradores como George Lucas y Francis Ford Coppola, y con este apoyo vendría la soberbia “Kagemusha” (“La Sombra del Guerrero” de 1980). Habiendo casi perdido el sentido de la vista filma en 1985 Ran (“Caos”), que le daría varias nominaciones al Óscar. Sería en 1990, precisamente cuando la Academia Norteamericana de Cine lo galardonaría por toda su trayectoria dentro del mundo fílmico.

Kurosawa abandonaría este mundo el 6 de septiembre de 1998, dejando una imborrable huella entre los directores más grandes de nuestra era, como Andrei Tarkovski, Ingmar Bergman, Federico Fellini, Bernardo Bertolucci, Sidney, Roman Polanski, Steven Spielberg, Martin Scorsese, George Lucas, Francis Ford Coppola y Sergio Leone, sólo por mencionar a algunos de quienes han reconocido –o reconocieron- plenamente que los filmes de Akira aportaron diversos elementos para definirles el estilo.

Kurosawa influyó en directores como Andrei Tarkovski, Ingmar Bergman, Federico Fellini, Bernardo Bertolucci, Sidney, Roman Polanski, Steven Spielberg, Martin Scorsese, George Lucas, Francis Ford Coppola y Sergio Leone.

Dicen que “nadie es profeta en su tierra” y esa frase pareciera embonar muy bien con Akira Kurosawa, un director que es amado en todo el mundo pero en notablemente menos reconocido en su país natal. Muestra de ello es la tibia conmemoración de su nacimiento, que para colmo se ha visto empañada por las acusaciones de fraude que pesan sobre Hisao Kurosawa, hijo del aclamado director, quien presuntamente habría desfalcado a la “Fundación Akira Kurosawa”, que se creara tras el fallecimiento de su padre.

Con todo y la indiferencia nipona, en el resto del mundo no podemos ignorar el trabajo de este estupendo realizador. Probablemente, la mejor manera de rememorar el siglo que ha pasado desde que llegó a al planeta, sea por supuesto viendo alguno de sus trabajos, ya sea por primera vez, por segunda , quinta o décima. Si no se conoce nada de este director, “Los Siete Samuráis”, o “Rashomon” son una buena puerta para sumergirse en el mundo de un auténtico virtuoso del séptimo arte, a quien le gustaba presumir que “lo occidental y lo japonés conviven codo con codo en mi mente, sin el menor sentimiento de conflicto”.

Fuente: http://www.e-consulta.com