El desafío de los cazadores de terremotos

Algunos ya se fueron, otros están llegando. Dedican su vida a estudiar los movimientos terrestres. Usan chalas y chalecos de expedición, al igual que en las películas. Pero están aquí para analizar la realidad e instalar equipos entre Valparaíso y Temuco con tal de medir las réplicas y evaluar la devastación que dejó el terremoto que azotó al país.

Hace un mes, Chile fue portada de diarios en todo el mundo. De manera casi tan vertiginosa como corrieron las noticias entonces, se organizaron en sus países los primeros científicos extranjeros para venir a estudiar los efectos del terremoto.

Varios han estado en Indonesia y Haití y cada vez que hay un sismo de importancia se trasladan a donde “las papas queman”, pero para otros ésta es la primera vez que pisan un país tras un sismo de esta magnitud.

Todo fue bastante improvisado y empacaron en un dos por tres. Algunos quisieron venir de inmediato, pero los destrozos en el aeropuerto de Santiago obligaron a postergar en unos días los primeros vuelos.

A pesar de eso, las condiciones dadas tras el sismo permitieron que el camino de estos expertos se hiciera más llano.

Walter Mooney junto al derrumbado edificio Alto Río en Concepción. Más abajo (a la izquierda) a Steven Roecker y a Benjamín Heit (a la derecha), y luego al francés Pascal Bernard.

“La infraestructura de la zona afectada no estaba tan mal (como en otros lugares luego de grandes terremotos) y aun cuando se necesitaba ayuda humanitaria aquí, no fue como en el Sudeste Asiático o en Haití. Entonces sabíamos que era posible venir y hacer esta investigación sin interrumpir la asistencia. Nos dijimos ‘este terremoto en particular es una gran oportunidad para hacer este trabajo y obtener información muy útil, no sólo para los chilenos, sino que para mucha gente en el mundo’”, cuenta Steven Roecker, profesor de geofísica del Rensselaer Polytechnic Institute de Nueva York.

El investigador señala que hace dos décadas, cuando ocurría un movimiento telúrico importante, era muy común que un grupo acudiera de inmediato al lugar porque, como no había una buena red sismológica mundial, esa era la única forma de obtener información útil.

Roecker suele dictar clases durante el año académico y aprovechar las vacaciones de verano para recorrer lugares con una permanente actividad sísmica.

En sus 30 años de trabajo no había tenido la oportunidad de visitar un país arrasado por un sismo al poco tiempo de que éste ocurriera. Y a Chile llegó a dos semanas del movimiento telúrico.

Sin embargo, explica que “los terremotos ocurren todo el tiempo. Mucha gente no entiende pero hay lugares que diariamente tienen actividad sísmica. Pueden tener cuatro o cinco terremotos diarios, incluso algunos importantes, lo que pasa es que muchos de ellos son en lugares que no tienen una gran población, entonces no aparecen en las noticias porque no destruyen edificios ni matan gente”. Vale la pena aclarar que los investigadores consideran “terremotos” a todos los movimientos terrestres, no sólo a los más fuertes como suele hacerlo la lengua popular

Llevar decenas o cientos de réplicas bajo la piel e incluso haber estudiado por décadas estas catástrofes no es suficiente como para no tenerles -por lo menos- respeto. Incluso los más capacitados en la materia recuerdan a cada instante cuán frágil es la vida.

“Cuando se experimenta un sismo de magnitud 8,8 y estas réplicas, mi sensación es de cuan pequeño soy. No soy nada. La Tierra es muchísimo más fuerte y tan impredecible (en relación) a estos grandes terremotos, tsunamis y erupciones volcánicas. Entonces siento que ella tiene el control y nosotros debemos seguirla (…) Tenemos que aprender a vivir con ella de la forma en que es y no construir una casa, por más hermosa que sea, cerca del agua u olvidar la historia de los terremotos pasados. Diciéndolo de manera simple, uno se siente muy humilde y con un respeto personal por la Tierra y sus misterios”, reflexionó Walter Mooney, geofísico del Servicio Geológico de EEUU (USGS) mientras estuvo de visita en Chile recientemente.

MIEL PARA ABEJAS

La Tierra no quiere dejar de moverse y las placas siguen acomodándose caprichosamente. Los especialistas aseguran que llevamos más de cien réplicas y que -tal como aún ocurre en Indonesia, donde se vivió un terremoto de 9,2 a fines de 2004- podrían continuar por hasta cinco años.

El planeta parece querer recordarnos a cada momento que somos el país más sísmico del mundo, un título del que sin duda preferiríamos prescindir.

Pero estas réplicas, para los científicos, son como miel para las abejas. Estar acá ahora es una de las mayores oportunidades de aprender más sobre estos fenómenos naturales y de estar mejor preparados para el futuro.

Por eso apenas vio las noticias el sábado 27, Roecker comenzó a mandar correos y a gestionar su viaje. Por un tema de recursos y coordinaciones, no fue tan fácil para él llegar a Chile.

Y una vez que estaba listo para viajar junto a un equipo de personas de distintas entidades, no tenían cómo trasladar sus instrumentos de medición del Incorporeted Research Institute of Sismology (IRIS), entidad de la que Roecker también es miembro.

Finalmente los trajo un avión de la Fuerza Aérea, pero los recibieron hace muy poco, por lo que aún están abocados a su instalación.

Según Roecker, “Chile es un buen lugar para ser un sismólogo, aquí se pueden obtener muchos datos de movimientos telúricos. En efecto, son demasiados. Creo que hay muchos más sismos que sismólogos, así que la gente de acá está siempre muy ocupada”.

El IRIS es un organismo que tiene una red de medición sismológica mundial y que colabora con el Servicio Geológico estadounidense para el monitoreo en distintas partes del mundo. Las estaciones de IRIS mandan información constantemente y la reportan en tiempo real a través de internet.

Esta red permite que “cuando un gran terremoto pasa en cualquier parte del mundo, no mucho después, unos 10 ó 15 minutos, se puede tener una muy buena idea de dónde ocurrió y cuán grande fue (…) Incluso cuando hay un terremoto en un área muy remota, en poco tiempo puedes saber cuán profundo fue y si traerá un tsunami y así advertir a la gente”, señala Roecker.

Además de los estadounidenses, han llegado especialistas desde Francia y Alemania. Todos trabajan en conjunto con el Departamento de Geofísica de la Universidad de Chile.

Sin el afán de alarmar a nadie, pero basado en la ciencia, el sismólogo y profesor del Institut de Physique du Globe du Paris, Pascal Bernard, señala que “tras este sismo de magnitud 8,8 estamos esperando una réplica de entre 7,5 y 8 grados que hasta hoy no hemos tenido.Existe el riesgo de que se produzca, pero no es seguro”.

Y según dicta la ciencia, la réplica ocurrida el día del cambio de mando de 6,9 con epicentro en Rancagua no será la única. Las estadísticas señalan que luego del evento vivido corresponde la llegada de 10 sismos de una magnitud aproximada de 6,8 en algunos años.

Pero la cantidad de movimientos diarios irá disminuyendo de forma paulatina. “A un mes del sismo pueden haber diez réplicas diarias y a dos meses, cinco”, dice Bernard.

Walter Mooney, quien ya está de regreso en EEUU, tiene un aire de los protagonistas de la película “Twister”, que intentaban atrapar tornados.

Lleva 35 años tratando de comprender los movimientos telúricos y persiguiendo estos fenómenos de la naturaleza. Pero, por alguna extraña razón, a pesar de haber visitado decenas de países, nunca había estado en el catalogado como el país más sísmico del mundo.

Él contó a LND que “estaba muy interesado en venir a Chile. Había varias razones. Primero, el número de gente que fue herida o muerta era mucho menor que en Haití y yo quería entender por qué. Segundo, el terremoto fue muy grande, de magnitud 8,8 y quería ver con mis propios ojos los daños que había causado.Tercero, estaba interesado en aprender más sobre el tsunami, especialmente sobre cómo los lugareños pudieron evacuar y salvar sus vidas. Y cuarto, esperaba contribuir al esfuerzo científico para que en el futuro se reduzcan los riesgos de los terremotos en Chile”.

Para viajar inmediatamente a lugares arrasados por sismos o maremotos, hay que dejar las comodidades de lado. Incluso aspectos cotidianos se convierten en lujos inalcanzables. Mooney dice que “estos eventos inesperados ponen mucho estrés en mi vida. Tengo que cancelar muchos planes profesionales y personales. Nunca sé dónde estaré la próxima semana. A menudo no puedo dormir en un hotel y tengo que dormir en una carpa y comer comida muy simple por diez días o más. Puede que no tenga la posibilidad de ducharme o de llamar a mi familia. Pero mis dificultades no son nada en comparación con el sufrimiento de los lugareños que han sido afectados por el terremoto, entonces no me importa”.

TRABAJO EN ENQUIPO

Forman parte de entidades diferentes y de distintos países. Y sin tener nada planificado, aterrizaron en la Universidad de Chile. Al principio no sabían cómo ordenarse. Pero de alguna forma, la improvisación se transformó en colaboración para los estudios sismológicos.

Según Roecker, la coordinación se dio “completamente por accidente. Los distintos grupos llegaron en diferentes momentos y no tuvimos tiempo para comunicarnos o hacer un plan (…) Intentamos tener algunas reuniones y empezamos a contarnos lo que estábamos haciendo para no duplicar el esfuerzo. Tengo mapas que señalan dónde estuvieron los franceses, dónde están los alemanes e intento ir a algún lugar al que ellos no hayan ido aún. Ha sido una muy buena experiencia. Todos han sido muy cooperadores”.

Los instrumentos desplegados por los tres países cubren el área de ruptura entre Constitución y Concepción y también toda el área de las réplicas entre Valparaíso y Temuco.

El argentino- alemán, que forma parte de la delegación del German Research Centre for Geosciences (GFZ es la sigla en alemán) del país europeo, cuenta que la colaboración que se está dando acá es un hecho sin precedentes.

“Como han habido muchas catástrofes en los últimos años, se ha visto que la competencia puede ser productiva al trabajar, pero no lleva a ningún lado. Entonces lo mejor que se puede hacer es cooperar y tirar todos para el mismo lado, aunar esfuerzos y aprender juntos”, dice.

Cuenta también que la cooperación ha sido muy fraternal y que “incluso un grupo ha definido por ejemplo dónde va a instalar estaciones otro grupo. Eso antes no se hacía, porque implicaba trabajar con la competencia o para la competencia. Hoy por hoy, eso no nos interesa. Nos interesa colaborar”.

Además, han definido compartir toda la información obtenida. Y Heit cree que lo ideal es que sea entendible por cualquier mortal.

“Una ciencia que no tenga una relación con los medios de comunicación no le sirve a nadie. Hay que hacer que la ciencia sea entendible para todo el mundo (…) Una vez que estén los resultados tendríamos que abrirlos, publicarlos o presentarlos de manera que sean comprendidos por todas las personas”.

Los grupos de Alemania y Francia también tienen redes internacionales de monitoreo sismológico alrededor del mundo. Y el Institut de Physique du Globe du Paris de Francia, a través de la Universidad de Chile, además ha tenido una colaboración de larga data con Chile.

Hace al menos diez años que tenían desplegada una red de instrumentos de medición sismológica entre Constitución y Concepción. Y no fue por casualidad.

Ahí había una “laguna sísmica”. Hace muchos años, desde el terremoto de 1835, que no había un movimiento telúrico de importancia en la zona. Por eso, la Tierra había acumulado mucha energía y se esperaba que ocurriera un terremoto.

Algo similar sucede con el área de Antofagasta, donde hace al menos 100 años que no hay un movimiento telúrico de importancia, por eso recientemente el GFZ instaló ahí una red de medición sismológica.

SIN TIEMPO PARA PERDER

A pesar de no contar con sus herramientas de trabajo, Roecker cuenta que con su grupo no ha parado. Han viajado a la zona afectada, y en Concepción ayudaron en la instalación de equipos de medición de actividad volcánica a otra entidad.

“No hemos tenido tiempo de visitar nada, sólo hemos estado trabajando todo el tiempo”, dice y con simpatía agrega que son asiduos a comer en las estaciones de servicio de Copec.

“En este viaje sólo hemos estado yendo, yendo y yendo, porque queremos instalar todo en la tierra en cuanto podamos. Intentamos ir lo más rápido posible”.

Walter Mooney, del USGS, visitó varias ciudades y localidades para evaluar los daños del sismo y tsunami, como Talca, Chillán, Parral, Concepción, Constitución y Dichato.

En los últimos seis meses, él, que suele viajar de inmediato a las áreas devastadas -a menos de que eso interfiera con las labores de rescate- se ha trasladado a zonas donde ha habido sismos en Indonesia, Malawi y Haití. “Los terremotos me han mantenido muy ocupado”, cuenta.

Además de estudiar los movimientos terrestres, Mooney puso mucho ojo en las condiciones en que ha quedado la zona centro-sur tras la tragedia y se ha impresionado con la reacción de la gente frente al terremoto y tsunami.

Lamenta las muertes ocasionadas, pero cree que la mayoría de las personas supieron cómo reaccionar y que el terremoto haya sido gradual les dio un margen de tiempo como para escapar a los cerros.

“Tuve muchas largas e interesantes conversaciones con gente de Chile. Intenté especialmente hablar con personas mayores, de más de 60 años, porque ellos recuerdan los desastres naturales del pasado, como los terremotos de 1985, 1960 y 1939. Conversé también con mucha gente joven y hablamos sobre sus planes a futuro. Intercambié muchas direcciones de e-mail y ahora continuaré comunicándome con ellos. Los chilenos son muy inteligentes, sabios y cálidos”.

El experto es enfático al recomendar no volver a construir cerca de las costas y agrega que aún no ha concluido su trabajo aquí y que ya está planificando su regreso al país en un par de meses.

Fuente: http://www.lanacion.cl/